I
La decena de turistas japoneses que visitaban ese jueves a primera hora las instalaciones de la NASA colapsaron las tarjetas de memoria de sus cámaras digitales según entraron en la primera sala y maldijeron la imprevisión de no haber traído repuestos. En medio de un jaleo inenarrable, media docena de eminencias de la física en cuclillas y entreabrazados perpetraban, vociferantes, una danza cosaca. Al menos ellos seis, aunque ostensiblemente ebrios, conservaban sus batas. Tres cosmólogas talluditas y un anciano por lo demás venerable se contorsionaban en ropa interior aferrados a sendas columnas, remedando posturas de estríper. Sus entusiastas espectadores lucían su blanca indumentaria habitual, es cierto, si bien varios de entre los varones tocaban su cabeza con calzoncillos, presumiblemente propios, y/o bragas de encaje, presumiblemente ajenas. Otros tantos aspirantes a premio Nobel yacían comatosos en aleatorio desparrame entre la siembra de botellas de licor vacías, derrotados en el transcurso de lo que a todas luces había sido una noche de ininterrumpida bacanal.
Koji, el único japonés que, animoso, había decidido cargar con la cámara de vídeo esa mañana apostó luego con sus compañeros, de vuelta al hotel, a que su grabación se mantendría líder de visitas en Youtube al menos durante quince días. La apuesta le costó sus buenos yenes. En la convulsión informativa de las semanas siguientes nadie parecía tener demasiado interés en ver vídeos amateur en Internet.
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(Este
Creo que me voy a enganchar a este folletín.
ResponderEliminarMás por favor
ResponderEliminarVamos pa'lante con ella...
ResponderEliminar¡Es genial! Yo también opino lo mismo que Rebeca. Definitivamente me voy a enganchar a este folletín, bueno, en realidad ya lo estoy. Espero ansiosa la segunda parte.
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