IV
Anton Romariek desciende la escalerilla de la Argos. Cada pequeño movimiento representa un lento triunfo; el planetoide, de un centenar de kilómetros de diámetro, apenas genera gravedad. El reloj atómico de la cosmonave marca las 18:17 del 26 de agosto de 5463. Hace sólo unas horas que el sistema de control vital detuvo el proceso de hibernación y Romariek despertó de su letargo milenario. No se sueña en estado de hibernación, Romariek lo sabe bien, de lo contrario sin duda apostaría a que aún no ha despertado y no es sino un sueño lo que contempla. Durante unos minutos abraza la hipótesis de una alucinación, algún tipo de sugestión mental o quizá una alteración de la vista, hasta que asume que las lecturas del encefalómetro y el espectrógrafo de retina no dejan resquicio a la interpretación. Lo que está viendo, a veinte metros de sí, es real. Al menos en la medida en que puede serlo una impresión de los sentidos. No sabe que es el último hombre al que ha sido dado contemplar lo que tiene ante sus ojos, que de la propia Florencia nada queda, desintegrada literalmente en las guerras post-Menevado.
El Menevado llegó al planeta Tierra en el siglo XXXII. Echando cuentas, pronto se dedujo que debió transmitirse en respuesta inmediata al Aspettateci. Habían transcurrido setecientos años desde la partida de Anton, y aún restaban ochocientos para que la Argos alcanzara la fuente del Mepiace. No es fácil hacerse una idea del desolador efecto del Menevado a partir de las sencilla palabras que contenía, «Me ne vado. Mi annoio. Gli insettivori di Orion sono più divertenti. Molto casinisti. Addio»:
«Me marcho. Me aburro. Los insectoides de Orión son más divertidos. Muy bulliciosos. Adiós».
Romariek ignora todo esto, desde luego. Lleva sus buenas tres horas inmóvil, absorto en la visión de una belleza absurda y convulsa. Se pregunta por qué, a cada minuto que pasa, mengua de voluntad de regresar a la Tierra, siquiera de enviar un mensaje de despedida. La cápsula de hibernación puede mantenerle en suspensión vital unos treinta mil años y el combustible de fisión que alimenta la Argos es virtualmente inagotable. Hay tantas estrellas a su alcance. Aunque ahora mismo no siente ninguna prisa por partir; es tan indeciblemente hermosa, alzándose en extravagante majestuosidad sobre el hielo violeta que cubre el asteroide, circundada por un cielo de profundo escarlata, iluminada por dos débiles soles gemelos, esta réplica exacta a nivel molecular de la catedral de Santa Maria di Fiori, el Duomo de Florencia. Anton calcula cuántos días le llevará subir al Campanille.
Fin
martes, 12 de mayo de 2009
sábado, 2 de mayo de 2009
Catedral - V
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Es posible que el lector, el amable lector, ande un tanto despistado en cuanto a la secuencia temporal que va abarcando este relato. Recapitulando, el Mepiace, como se dio en llamar al mensaje extraterreste, se había recibido en el año 2009. Su secuencia luminosa había recorrido una distancia aproximada de 600 años luz o, lo que es lo mismo, había tardado seis siglos en alcanzarnos: quien fuere el remitente, lo había transmitido, pues, ca.1400 d. C. El Aspettateci, nuestra respuesta, se envió en 2010. Previsiblemente, nuestros observadores alienígenas lo captarían en algún momento del siglo XXVII. Unos cien años antes, en 2500 como hemos comentado, despegaba la Argos tripulada por Romariek. Si todo discurría según el programa, arribaría a su destino, el que fuere —¿un planeta o planetoide?, ¿una estación espacial?— no antes del 4000. La información luminosa que Romariek nos lanzara desde allí viajaría otras seis centurias para hacérsenos visible no antes del 4600. El regreso a la Tierra del cosmonauta lo celebrarían los hombres que la habitaran en torno al año 5500 d.C.
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Es posible que el lector, el amable lector, ande un tanto despistado en cuanto a la secuencia temporal que va abarcando este relato. Recapitulando, el Mepiace, como se dio en llamar al mensaje extraterreste, se había recibido en el año 2009. Su secuencia luminosa había recorrido una distancia aproximada de 600 años luz o, lo que es lo mismo, había tardado seis siglos en alcanzarnos: quien fuere el remitente, lo había transmitido, pues, ca.1400 d. C. El Aspettateci, nuestra respuesta, se envió en 2010. Previsiblemente, nuestros observadores alienígenas lo captarían en algún momento del siglo XXVII. Unos cien años antes, en 2500 como hemos comentado, despegaba la Argos tripulada por Romariek. Si todo discurría según el programa, arribaría a su destino, el que fuere —¿un planeta o planetoide?, ¿una estación espacial?— no antes del 4000. La información luminosa que Romariek nos lanzara desde allí viajaría otras seis centurias para hacérsenos visible no antes del 4600. El regreso a la Tierra del cosmonauta lo celebrarían los hombres que la habitaran en torno al año 5500 d.C.
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cuento
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