jueves, 29 de abril de 2010
Apnea
pan envenenado.
Contener la respiración bajo el aire pesado
del fracaso y el hastío.
Calentarme bajo la luz impasible del neón,
fría de inutilidad en mi estómago.
Nadar en el fango de pasiones congeladas,
mezquinas.
Esconder mi mediocridad detrás de sonrisas hechas de nada,
la nada de nuestro pan cotidiano,
pan envenenado.
Moverme desde el vacío y hacia la inutilidad.
Contener la respiración un día, y otro, y otros.
Calentarme bajo el deseo de soles honestos, fuera de aquí.
Nadar en el agua estancada de la espera de algo que no llegará.
Esconder mi avidez de manos, rostros y nombres distantes.
Y abandonar la espera y abrir los brazos y dejarme mecer por el aire pesado,
flotar hacia el vacío, la inutilidad, la nada,
la nada de nuestro pan cotidiano,
pan envenenado.
lunes, 26 de abril de 2010
Mucho mejor, dónde va a parar
De todo corazón: ¡gracias Evo!
OTRO POEMA
Lo siento, últimamente no tengo ganas de hacer otra cosa. Este ejercicio lo mandó Escarpa, teníamos que estudiar a Antonín Artaud, e imitarle. Es todo un personaje que me ha cautivado. Tuvo una vida difícil, fue de psiquiátrico en psiquiátrico...
NO ESTARÉ BIEN, PERO NO VENGAS
No encuentro el hueco por el que salí,
ni el vacío en el que me insertaron,
no recuerdo tampoco como llegaste a estar del otro lado del río,
Entiendo que debes seguir el camino,
también entiendo que ellos fueron los que me tiraron sin miramientos
en la muerte, y después me trajeron
a esta ventana sin vistas,
y aunque sigas tu camino, quiero que sepas que te necesito,
y necesito que sigas tu camino, porque es lo correcto,
es en este momento,
en el que desde mi ventana sin manija,
en la que ellos me dejaron, desde la que únicamente te veo,
porque me duele mirar hacia otro lado,
para ver el sillón vacío, de soledad,
la sala sin amigos, aquellos que empiezo a recordar.
Continúa sin miedo, no cruces el río
para venir al lado oscuro de la existencia, mi existencia.
Ahora camino entre la gente,
sin importarme el motivo por el que se mueven, inspirado en la profundidad de
una cabeza apagada, en la que los relámpagos
ceden el paso a la inteligencia.
No cruces, no siempre fue así,
no siempre, no, eternamente.
domingo, 11 de abril de 2010
No seguí una dieta de palabra
procrastiné querer
sin tener tiempo
espacio
planeé coger los cuernos por el toro
No seguí una dieta de palabra,
agarré el conocimiento,
lo sujeté por las rodillas,
sus rodillas,
y se quebró delatando debilidad.
No seguí una dieta de palabra,
leí y escuché,
lo que no debía,
y lo que sí.
Sonambulicé momentos que no recuerdo.
Entonces seguí una dieta de palabra,
en el momento óptimo capaz de frenar el ascenso a lo lineal,
capaz de remover el tiempo,
pegado al suelo,
tuve que amarrarme a la tierra, mareada
por la necesidad
de no poder
dejarlo
para después.
martes, 6 de abril de 2010
Zapatismo (con perdón de Don Emiliano, el Sub y los Zapatistas)
El zapatismo es una parafilia que se manifiesta con la posesión compulsiva de numerosos pares de zapatos, de cada forma y tamaño, y con su cuidado excesivo, empleándose para ello utensilios de todo tipo. La culminación del placer tiene lugar cuando el sujeto contempla el brillo de los cueros con ojos entornados por los destellos que emanan.
Hacía años que Salvador Terragano se dedicaba bisemanalmente a la placentera ocupación del zapatismo. Era un rechoncho comerciante de botones cuya vida se dividía entre breves viajes y su pequeño despacho. Sin embargo, su existencia tranquila tenía un lado oscuro: el estraperlo de zapatos con colegas sin escrúpulos. Gracias a ello, había alcanzado el no desdeñable total de 520 zapatos, una cifra que no suscitaría la envidia de Imelda Marcos pero que lo colocaba entre sus posibles competidores. Desde luego, no limpiaba todos los zapatos dos veces a la semana, no por falta de ganas sino de tiempo, y por esto había organizado la tarea en turnos de 20 pares.
Salvador era un hombre de buen carácter y con una cara de obispo bien alimentado que le ganaba la simpatía de sus no muchos pero fieles clientes. Nadie habría nunca sospechado que, cuando Salvador miraba sus zapatos - después de la agotadora faena de mojar, secar, pasar la crema, frotar y sacar el brillo – una verdadera fiera se adueñaba de su zona pélvica y el pacífico comerciante se dejaba arrasar hacia las pulsiones más poderosas y los aullidos más ensordecedores.
Desafortunadamente las pulsiones y los aullidos se acabaron la noche en la que sus 1.040 zapatos decidieron montar un espectáculo de flamenco y, entre taconeos frenéticos y exudaciones de crema de ceras naturales, pisotearon a Salvador Terragano hasta dejarle sin vida en el suelo.
Sonetismo
El sonetismo es una parafilia común entre los poetas y consiste en sentir un intenso placer físico en la composición de sonetos en endecasílabos, no tanto en el proceso creativo, sino en su terminación.
El laureado poeta Lobo de Mena no era ninguna excepción porque adolecía de sonetismo agudo. Es más, en su filia había alcanzado una exquisitez que rozaba la perfección en cuanto unía el arte supremo del soneto con las matemáticas: utilizaba una tabla Excel dividida en 11 casillas en las que colocaba con extremada delicadeza las sílabas separadas, volviéndose espesas por la negrita las que caían en 2ª (algunas veces) en 6ª y en 10ª (siempre). Las sinalefas las sombreaba con un elegante gris perla. El poeta culminaba su placer en la contemplación de estas sílabas que se besaban de cerca en BB, un poco menos de cerca en A-A y entrañablemente de lejos en CDC y DCD. Sólo entonces sentía toda la sangre bajar de su cerebro, recorrer su torso y llegar a florecer en la punta de lo que, de otras formas, nunca habría cobrado vida. Cuando conseguía que los golpes de voz cayesen también en 2ª, su placer era completo y sus orgasmos atronadores.
Se puede fácilmente deducir que Lobo de Mena llevaba una vida de lo más satisfactoria, por esto no estaba preparado cuando esa mañana encendió el ordenador. Las sílabas de sus cientos de sonetos se habían movido de sitio y yacían en obscena promiscuidad en las tablas, algunas incluso fuera de ella, como por el producto de una orgía endecasilábica. Entonces, su sangre hizo el camino contrario al que solía hacer: subió desde su flor marchita, recorrió su encorvada espalda y estalló en su nuca, convirtiendo en papilla su cerebro.
Sombrerismo
El sombrerismo es una parafilia que se manifiesta en edad mediana, tanto entre hombres como entre mujeres. Consiste en el cuidado de numerosos sombreros y en su colocación sobre cabezas humanas y no, siendo el resultado de estas actividades el detonante del clímax.
La señora Josefa Bolsillino llevaba tres décadas casada con su marido, un taxista de Valencia de 54 años que trabajaba una media de 12 horas diarias, hecho este que, unido a su condición de ama de casa sin hijos, le permitía disfrutar de muchas horas de ocio y soledad. Para rellenar los largos paréntesis entre desayunos tempranos y cenas tardías, Dª Josefa empezó a ordenar meticulosamente su colección de sombreros que era su mayor fuente de orgullo. Para hacer que los sombreros luciesen más y evitar que se estropeasen, la señora Bolsillino compró 103 cabezas de maniquíes y unos cuantos esqueletos de cuerpo entero para las estrellas de su repertorio (la mujer era de gustos un poco gore) que instaló en la que fuera la habitación de su suegra y de la que ella sola tenía la llave.
Al principio esta labor era sólo una manera de hacer que los minutos pasaran más rápidamente, pero muy pronto se dio cuenta de que tenía una apremiante necesidad de ladear alas, atar barboquejos y dar cariñosos golpecitos a velos y viseras. La visión en la que culminaba su trabajo era tan paradisiaca para Dª Josefa que al principio le saltaban las lágrimas a los ojos, pero un día esta conmoción bajó paulatinamente como un fuego interior quemándole los órganos reproductivos, fuego que pudo buenamente apagar con la sola ayuda de sus dedos.
La señora Bolsillino estaba tan entretenida en esta ocupación - para ella toda una novedad - que no se percató del lento acercarse de los esqueletos que la envolvieron en un efusivo abrazo hasta asfixiarla.
lunes, 5 de abril de 2010
Lisboa
De nieblas y gaviotas en los cielos
tranvías que se arrastran por la Alfama
del mar princesa de alcanzada fama
antigua la hermosura de tus velos.
Artistas te embellecen sin recelos
tu poeta te canta y así te ama
Persona es su apellido así se llama
el que tanto escribió de desconsuelos.
El vate lisboeta escucha fado,
compone odas sublimes de Lisboa,
fuera de A Brasileira está sentado.
Ciudad que desconoces el enfado
quisiera regalarte un alta loa,
mas sólo tengo un verso desdichado.
domingo, 4 de abril de 2010
Me manda hacer un verso el Urceloy
Me manda hacer un verso el Urceloy
no conozco ninguna de sus odas
en sueños se aparece y, ¡no me jodas!
a mí me llama y desde luego voy.
Con la cabeza grandes golpes doy
¿por qué me habré metido en estas modas
que son las más difíciles de todas?
Y ahora ni me acuerdo de quién soy.
Un fulgor de mi juicio fatigado
me recuerda que por tener ni tengo
ese soneto a mí no dedicado.
Mas después de esta igual bardo devengo
aunque nada me importe del mercado
y a los pobres sin voz, sin habla, vengo.
¡Ay, Haizea!
Haizea, por favor, el porqué dime
de lo que haces, ¿por qué compones cosas
abstrusas?, nunca escribes cuentos rosas
y mi pobre cerebro laso gime
Ahora algo preciso que me mime
que casi derechita voy a la fosa
del vértigo de dar con la dichosa
palabra esa que con tu nombre rime
Muy buena eres y bien lo sabes, rea
de que te diga: ya no lo podemos
obviar más, nos asustas con tu idea
Un día casi se ata a la correa
Antonio el Profesor. ¿No te movemos
ni un poco a compasión, cruel? ¡Ay, Haizea!
sábado, 3 de abril de 2010
El poema innato
Se rompió la cadena que ataba el reloj a las horas
Cerrar fuerte los ojos, agarrarse a la colcha como a una balsa de madera. Esconderse del día y buscar la calidez de una presencia.
Resbalarse poco a poco en la arena fina de una playa de Cádiz hasta casi hundirse entre algas deshilachadas y fragmentos de caracoles.
Dejarse llevar entrando despacio en el oleaje suave de un mar de barcos, pescadores y gritos atuneros.
Y salir del agua y andar hacia un viento nuevo y colores brillantes, recién nacidos.
Me olvido, ya no sé qué hacer, no dejo de correr como en sueño
Camino por una senda oculta bajo los árboles del bosque.
Luz espesa como plata sobre pequeños estanques.
Sombras en el campo y estremecimiento en mis sandalias que se mueven hacia ti que no sé si me esperas.
Minúsculas criaturas recortadas contra la oscuridad se escabullen, corren, danzan y hacen pirueteas.
Y yo, dividida entre miedo y excitación, vivo mi sueño de una noche de verano.
A los tejados me he mudado a vivir por desobedecer, por ver al sol salir, por sacar la cabeza afuera
La perfección de una sábana blanca tendida al sol.
La mirada curiosa de un ratón en la hierba alta.
La lealtad de una bicicleta que espera paciente, apoyada en el muro desconchado de cal.
La lluvia honesta rebosa en la huerta, los pies desnudos saltan en el lodo.
Y empujones y risas y rasguños en las rodillas.
Se volvió a gusano, mariposa, cansada de volar (…) a ver si dentro puede comprender
El descanso de un peine debajo del espejo quebrado.
La terquedad de un cabello que no quiere bajar por el sumidero.
La indolencia de una cortina apartada de la ventana que da a un patio de geranios y rosas.
El crujido del bolígrafo en el cuaderno de mates y el olor del guiso en la cacerola, cuando ya han tocado las ocho.
Y el pintalabios rojo de tu madre que en tus manos se hace lápiz y dibujo.
Perdí el sentido del camino y envejecí cien años más de tanto andar
Ojeras de mañana de lunes, otro homicidio en Hortaleza el fin de semana.
Nigerianas y senegalesas en las aceras, ojos grandes de letargo y miedo. Y el frío, mucho frío.
Manos brunas limpian parabrisas y sonrisas blancas se rompen en las caras, mendigos de compasión.
Palabras se encienden en la noche de la Puerta del Sol y calientan los corazones de nómadas y vagabundos.
Y alcohol y chirridos de neumáticos y sirenas de ambulancias.
Después de arder el fuego ya es sólo humo, el infierno ya es sólo humo
Los tacones giran veloces, hasta casi tropezarse, pero es siempre un casi.
Las faldas trazan ruedas y las piernas rabiosas imponen su fuerza encima de las tablas.
Una mujer vende descaradas frutas en las esquinas de la ciudad. Un cuchillo está al acecho debajo de una manga.
Un destello de oro en la boca, un agujero en la nariz, una coleta de pelo negro betún.
Y palmas y zapateos y Camarón que grita y llora dentro de una caja de música.
RI(sa)
¿Puede una de la risa enamorarse?
Escuchar tan feliz un tono agudo
seguido por un suave acento mudo
oír su entonación y entusiasmarse
Por los graves bajar sin enterarse
y volver a subir al pico rudo
el que hace el sonido amargo y crudo
porque puede una risa marchitarse
Como un viejo rosal sin regadera
la música que amó desaparece
ya casi esta canción es extranjera
Mas la memoria es átona y sincera
si hallara una señal que no perece
volvería a soñar con voz entera