Si —y sólo si— os gustan las emociones fuertes.
Acabo de escuchar Mi lumía recitada por el propio Oliverio. Al parecer, según he gugleado, en 1960 grabaron a Girondo recitando todo —todito— En la Masmédula y editaron un "long-play" (o tempora).
Tenéis todos los cortes de audio aquí:
http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/Girondo/voces.shtml
lunes, 30 de marzo de 2009
Cuentículo segundo
En el interior de un traqueteante tranvía lisboeta, una zorra corría libre por el bosque.
Como cada bisiesto, el 29 de febrero del año 1748, puntualmente a medianoche, la zorra se detuvo y postuló:
—Entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem.
Él —un ex músico, un ex modelo, un ex cocainómano— se levantó emocionado.
Por primera vez, a los fuegos artificiales vino a unirse un diluvio de estrellas fugaces.
ReRoSuIuElAnRe
Como cada bisiesto, el 29 de febrero del año 1748, puntualmente a medianoche, la zorra se detuvo y postuló:
—Entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem.
Él —un ex músico, un ex modelo, un ex cocainómano— se levantó emocionado.
Por primera vez, a los fuegos artificiales vino a unirse un diluvio de estrellas fugaces.
ReRoSuIuElAnRe
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martes, 24 de marzo de 2009
La literatura fantástica
En España la literatura fantástica ha sido tradicionalmente considerada poco más que subliteratura. Ahora sí goza de consideración, pero desde no hace mucho.
Solemos encontrar bajo la denominación de “literatura fantástica” una mezcla de géneros variopintos. En realidad, cuando se habla de literatura fantástica no estamos hablando de, por ejemplo, Tolkien. De lo que hablamos es de literatura que imita el contexto realista pero en la que se introduce un elemento fantástico. En un relato fantástico este elemento fantástico es precisamente el conflicto, ya que todo lo demás obedece a las leyes naturales, a un contexto realista.
Se ha cuestionado este planteamiento desde el postmodernismo, por parte de la generación “mutante”. Según ellos, la ficción afecta a la realidad, la va cambiando (vimos como ejemplo el Tlön de Borges), lo fantástico deviene parte de lo real, es parte de la cultura, del imaginario colectivo. Para los autores del siglo XXI no habría ya una distinción fantástico/realista. Lo fantástico ya es algo natural, forma parte de nuestro universo postmoderno.
Pese a todo, cuando llegamos a casa no nos encontramos a Spiderman haciéndonos la cena (lástima): es decir, por más que las creaciones fantásticas se hayan incorporado al imaginario colectivo no puede decirse estrictamente que formen parte del universo real, del mundo-1 en términos de Popper.
Lo fantástico, pues, imita el paradigma de lo real. De hecho, uno de sus mecanismos habituales es reforzar la verosimilitud (vimos cómo, por ejemplo, los narradores de José María Merino suelen ser profesores universitarios, o el propio Borges se erige en narrador de El Aleph). Pero aparece una pequeña distorsión, una única distorsión (la existencia del aleph, por ejemplo).
Los temas de lo fantástico suelen ser, así, los recovecos de la realidad, lo que no explican las teorías, las fisuras de la ciencia: la muerte, el tiempo, la predeterminación, los universos paralelos, Dios, la identidad (el “doble”, los espejos...), etc.
Esto, que en la literatura española no era tema, no se consideraba, ahora sí empieza a serlo de pleno derecho.
En el relato fantástico se enfoca una anomalía, se llama la atención sobre ella. La sensación que tiende a producir en el lector es de vértigo intelectual.
Caben opciones intermedias entre lo realista y lo fantástico, como las narraciones de final abierto con una posible interpretación en clave fantástica y otra en clave realista.
En cuanto a la confusión de géneros, podemos encuadrarla así, en una suerte de jerarquía descendente:
Otros géneros que por lo común se confunden con lo fantástico son:
Por fin, llegaríamos al
Vimos como en España han venido cultivando lo fantástico escritores como Merino, Juan Pedro Aparicio, Cristina Fernández Cubas, Manuel Moyano o Ángel Olgoso. Y luego ya escritores más jóvenes como Félix J. Palma.
Se leyeron como ejemplo de lo fantástico:
Solemos encontrar bajo la denominación de “literatura fantástica” una mezcla de géneros variopintos. En realidad, cuando se habla de literatura fantástica no estamos hablando de, por ejemplo, Tolkien. De lo que hablamos es de literatura que imita el contexto realista pero en la que se introduce un elemento fantástico. En un relato fantástico este elemento fantástico es precisamente el conflicto, ya que todo lo demás obedece a las leyes naturales, a un contexto realista.
Se ha cuestionado este planteamiento desde el postmodernismo, por parte de la generación “mutante”. Según ellos, la ficción afecta a la realidad, la va cambiando (vimos como ejemplo el Tlön de Borges), lo fantástico deviene parte de lo real, es parte de la cultura, del imaginario colectivo. Para los autores del siglo XXI no habría ya una distinción fantástico/realista. Lo fantástico ya es algo natural, forma parte de nuestro universo postmoderno.
Pese a todo, cuando llegamos a casa no nos encontramos a Spiderman haciéndonos la cena (lástima): es decir, por más que las creaciones fantásticas se hayan incorporado al imaginario colectivo no puede decirse estrictamente que formen parte del universo real, del mundo-1 en términos de Popper.
Lo fantástico, pues, imita el paradigma de lo real. De hecho, uno de sus mecanismos habituales es reforzar la verosimilitud (vimos cómo, por ejemplo, los narradores de José María Merino suelen ser profesores universitarios, o el propio Borges se erige en narrador de El Aleph). Pero aparece una pequeña distorsión, una única distorsión (la existencia del aleph, por ejemplo).
Los temas de lo fantástico suelen ser, así, los recovecos de la realidad, lo que no explican las teorías, las fisuras de la ciencia: la muerte, el tiempo, la predeterminación, los universos paralelos, Dios, la identidad (el “doble”, los espejos...), etc.
Esto, que en la literatura española no era tema, no se consideraba, ahora sí empieza a serlo de pleno derecho.
En el relato fantástico se enfoca una anomalía, se llama la atención sobre ella. La sensación que tiende a producir en el lector es de vértigo intelectual.
Caben opciones intermedias entre lo realista y lo fantástico, como las narraciones de final abierto con una posible interpretación en clave fantástica y otra en clave realista.
En cuanto a la confusión de géneros, podemos encuadrarla así, en una suerte de jerarquía descendente:
- Realismo
- Fantástico o realismo fantástico: es de lo que venimos hablando. En la narración hay una única anomalía sobre la que se focaliza la atención.
- Realismo mágico: hay muchas anomalías, muchos sucesos fantásticos. Al haber muchas, esas anomalías no son propiamente el conflicto de la narración, no llaman casi la atención de los personajes. El efecto en el lector no es de vértigo intelectual sino de cierto encanto flotante, de ensoñación.
- Literatura maravillosa: Tolkien por ejemplo. Ya no se imita el contexto de lo real: todo es anormal, son mundos con sus propias leyes (por ejemplo, la magia). Su antecedente serían los cuentos de hadas tradicionales. Se trata ya de otros seres, otro planeta, otras leyes de la naturaleza. Sin embargo, aún quedan estructuras realistas: hay vegetación, los personajes andan, etc. Hay una coherencia, unas leyes aunque no sean reales, no se trata de surrealismo.
Otros géneros que por lo común se confunden con lo fantástico son:
- Literatura de terror: no se trata de conseguir la sensación de vértigo intelectural, sino de conseguir terror, angustia en el lector. Para ello se cargan las tintas en las atmósferas, los escenarios, personajes que sufren, etc.
- Ciencia-ficción: lo que se utiliza es la tecnología, la ciencia, pero no buscando las fisuras como en lo fantástico; más bien al contrario, desde la fe en la ciencia.
Por fin, llegaríamos al
- Surrealismo: el surrealismo sí que está radicalmente enfrentado al realismo. Ya no queda nada del realismo. El escritor surrealista descree de las capacidades de la razón, se mofa de ella. No hay leyes, como no las hay en un sueño.
Vimos como en España han venido cultivando lo fantástico escritores como Merino, Juan Pedro Aparicio, Cristina Fernández Cubas, Manuel Moyano o Ángel Olgoso. Y luego ya escritores más jóvenes como Félix J. Palma.
Se leyeron como ejemplo de lo fantástico:
- Dos antiguas narraciones orientales de la Antología de la literatura fantástica de Borges, Bioy y Ocampo.
- El relato “Casa tomada” de Cortázar.
- Un microrrelato del libro “Los demonios del lugar” de Ángel Olgoso.
- Un microrrelato del libro “El imperio de Chu” de Manuel Moyano.
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miércoles, 18 de marzo de 2009
La mosca
Un relato que me gustó mucho cuando lo leí, con un díptero en el papel de metáfora de situación. Me recordó, no por la temática, sino por el manejo de animales como metáfora narrativa, a cosas de Rebecca, aunque Rebecca me comentó que no había leído nada de la Mansfield.
La mosca, de Katherine Mansfield (1888-1923)
(Con publicidad contextual pero legible pese a todo. Es triste, sí). Sustituido el enlace por uno decente.
La mosca, de Katherine Mansfield (1888-1923)
(Con publicidad contextual pero legible pese a todo. Es triste, sí). Sustituido el enlace por uno decente.
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