martes, 23 de diciembre de 2008
Guillermo
Sus andares encogidos mostraban la inseguridad que él mismo sentía sobre su propia figura. Tenía el cuerpo resentido por la edad. La pronunciada caída de sus hombros evidenciaba el peso de los años. Su piel estaba en armonía con sus aviejadas y grises vestimentas. La caspa de su pelo se confundía entre sus canas. Era un hombre gris. Un hombre solitario al que no le quedaba nadie, no existía, un fantasma. Guillermo no formaba parte de esta sociedad; era un excedente, un escombro que fue parte de un muro importante. El desperdicio de una buena persona. Ya no estaba con nosotros. Vivía en el pasado esperando que le llegase la hora.
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alóaló :O)
ResponderEliminarqué hododozo lo de "contribuyentes" ¿no? me recuerda la declaración de la renta, qué grimilla qué grimilla... ¿lo cambiamos? ¿Qué tal "parroquianos habituales" o algo así? ;O)
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarQue tristeza trasmite. ¡Con lo bonita que es la vida! Pese a todo me ha gustado mucho.
ResponderEliminarGracias Rebeca por tu mini relato.
Hace más de un mes que no paso por tu “casa”, espero-deseo que me disculpes pues he estado de viaje vagamundeando y en Essaouira escribiendo los dos últimos capítulos de AMANECE PÚRPURA y buena parte del próximo que espero publicar para tus ojos en los próximos días. Ayer tarde llegué a la isla a pasar estos días de Navidad y del nuevo año. Ya descansado aprovecharé estos días “en paz” para visitaros, mis lectores, y beber una copita del champagne de vuestras palabras. El que escribe debe leer, por supuesto. En esta ceremonia de la lectura fundamenta su alquimia.
ResponderEliminarQue seas feliz… No hay nada mejor ni superior que te pueda regalar hoy… Te lo escribo de corazón.
Liberto-Pau_Pablo