Una media hora antes de la erupción del volcán, una sombra, un suspiro ectoplasmático, la mera reverberación de los neones en los faros de un camión de alto tonelaje, vociferaba audaz desde lo alto de la cúpula del Duomo:
—Me encanta, sí, lanzarme en parapente.
—Loco, está Vd. loco —rio unánime el gentío.
Se hizo el silencio, pero la sombra vibrátil ya zigzagueaba furiosa sobre la escena del Royal Albert Hall, bordando el papel de Pinkerton en Madame Butterfly.
ReAnIuSuReMo
martes, 20 de enero de 2009
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Muy ingenioso iulius. Cuenta conmigo para escribir cuantos cuentículos quieras.
ResponderEliminarHa quedado de concurso XD... Y si somos los mejores bueno y quééééééé XD
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