Moverme en la nada de nuestro pan cotidiano,
pan envenenado.
Contener la respiración bajo el aire pesado
del fracaso y el hastío.
Calentarme bajo la luz impasible del neón,
fría de inutilidad en mi estómago.
Nadar en el fango de pasiones congeladas,
mezquinas.
Esconder mi mediocridad detrás de sonrisas hechas de nada,
la nada de nuestro pan cotidiano,
pan envenenado.
Moverme desde el vacío y hacia la inutilidad.
Contener la respiración un día, y otro, y otros.
Calentarme bajo el deseo de soles honestos, fuera de aquí.
Nadar en el agua estancada de la espera de algo que no llegará.
Esconder mi avidez de manos, rostros y nombres distantes.
Y abandonar la espera y abrir los brazos y dejarme mecer por el aire pesado,
flotar hacia el vacío, la inutilidad, la nada,
la nada de nuestro pan cotidiano,
pan envenenado.
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Impresionante Roberta, muy profundo y doloroso. Me parece genial que te hayas metido en la poesía, creo que te va a ayudar muchísimo, conmigo lo ha hecho. Has sacado tus tripas y las has puesto encima de la mesa, es muy difícil hacerlo.
ResponderEliminarGracias, Inés. La honestidad de tu poesía me ha animado.
ResponderEliminarVaya con la Roberta poeta...!! Guta!!
ResponderEliminarMuá
Muy bonito
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