lunes, 30 de marzo de 2009

Cuentículo segundo

En el interior de un traqueteante tranvía lisboeta, una zorra corría libre por el bosque.
Como cada bisiesto, el 29 de febrero del año 1748, puntualmente a medianoche, la zorra se detuvo y postuló:
Entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem.
Él —un ex músico, un ex modelo, un ex cocainómano— se levantó emocionado.
Por primera vez, a los fuegos artificiales vino a unirse un diluvio de estrellas fugaces.

ReRoSuIuElAnRe

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