Quise matar al tiempo
porque iba demasiado de prisa.
Quise matar al tiempo
porque no quería perderlo.
Quise matarle porque me dolían
las agujas del reloj
en el tictac de las venas;
porque hubo
minutos de cerezas en la infancia
y horas de ceniza en la madurez.
Quise matarle y él se vengó atravesando
mi cuerpo con las agujas, mis oídos con el tictac.
Quise matarle y él me mató llenando
mi boca de cerezas, mis ojos de ceniza.
sábado, 22 de mayo de 2010
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