La ausencia de una cama deshecha;
de los platos sucios de un desayuno generoso;
del rastro del olor a colonia y champú en el baño.
La ausencia de una puerta cerrada
sobre una palabra no dicha;
de una silla vacía al fondo del pasillo.
La ausencia de unos dedos en la cara;
de unos labios que descansan en el pelo recién lavado;
de un abrazo fuerte contra la amenaza de la noche.
La ausencia, madre del tedio y la desgana,
hermana de la pérdida.
sábado, 22 de mayo de 2010
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